Base militar "La Salada" El toro


El Toro: 20 novembre 2016
Ruta circular, molt bonica pel paisatge de boscos frondosos, riscos amb parets naturals sorprenents i unes vistes semblants al cim del món per les crestes de la Serra de El Toro. Impressionant!!!
Vam quedar en eixir de Rafelbunyol a les 7:00 i a les 8:20 iniciarem la ruta en El Toro: Tono, Quique, Orchilles, Tico, Nacho, Bernat, Lloret, Juanjo, Alfredo i Jesús.
Començà la ruta en El Toro (Castelló) en direcció cap l’aldea del Molinar, passàrem per la font de los Cloticos de Bejís i des d’allí, vam iniciar una pujada de 19 km per un bosc de pins frondós entre mig del barranc del Resinero a la dreta, i la paret del Peñascabia a l’esquerra. Arribàrem al creuament amb direcció Andilla i prenent la pista per la dreta, seguirem pujant per un macís pelat i desolador, que ens deixà amb unes vistes panoràmiques de la serra, impressionants. El punt culminant, fou la Base Militar de La Salada, on en la guerra civil es lliurà la batalla per València.
Baixàrem per la carretera asfaltada i dinàrem sobre les 13:30 en El Toro.
Distància: 44,52 km Desnivell: 1137 m Temps: 4:43 min


Història de la Guerra Civil en "La Salada" (Extracte de Wikipedia.)
Durant el mes de juliol de 1938, es van alliberar forts combats en la contornada de La Salada.
Al finalitzar la batalla de Terol, les tropes nacionals avançaven en direcció a València, la 12a Divisió del Cos de l'Exèrcit del Túria al comandament del general Asensio, després d'haver pres els pobles de Manzanera i El Toro, davant de la impossibilitat de creuar el front establit a l'altura del port del Ragudo, va decidir avançar en direcció a les fonts del Palancia que aconseguixen el dia 18. Ho sobrepassen àmpliament aconseguint una lloma a l'est del vèrtex Salada, tot això sostenint durs combats. El 19, la 12a Divisió ascendix al vèrtex Salada pretenent trencar la línia defensiva establida per l'exèrcit de la República (línia XYZ o línia Matallana) i avançar en direcció Andilla.
Les tropes de la 12a Divisió van enfrontar una forta resistència per part de la 47 Divisió de l'Exèrcit Popular de la República, alliberant-se el dia 19 un enverinat combat en La Salada. El dia 20 va ser rellevada la 12a Divisió per la 81a. L'exèrcit republicà va contraatacar infligint a les tropes de la 81a un significatiu crebant. Rellevades les tropes del general Asensio, l'ofensiva va quedar detinguda. El 23 de juliol, la 81a Divisió va aconseguir prendre Peña Juliana però no pot mantindre la posició davant dels forts contraatacs i va ser autoritzada a retirar-se del turó. El 25 de juliol es detenen les operacions ja que en la nit del 24-25 es va produir l'ofensiva republicana en l'Ebre (per a evitar la presa de València), veient-se obligat l'exèrcit nacional a oferir el seu esforç principal al capdavant de Gandesa. La 81a va quedar establida als peus de Peña Juliana. Davant de la situació se li va ordenar fortificar la seua posició.
Actualment queden nombroses restes dels combats en la contornada de La Salada, trinxeres, cràters en el sòl per l'impacte de l'artilleria, fosses comunes com l'existent en la Nevera Fonda (segons un article publicat en el diari Mediterrani hi ha 150 soldats republicans soterrats) tombes solitàries, restes dels materials utilitzats (bales, granades tipus pot, llandes de menjar etc.).
Durant un incendi forestal succeït en estos paratges en l'estiu de 1993 les labors d'extinció es van veure seriosament afectades per les explosions de les restes dels combats.

Estiu de 2015: El Ter

Reportatge gràfic
Como ya es tradicional, parte de los habituales integrantes del grupo ciclista BTT-Rafel, realizamos durante la tercera semana de agosto, una ruta ciclista de varios días por algún lugar particularmente relevante. Este año nuestro líder, Jesús, propuso seguir parte de la denominada Ruta del Ter. No la seguimos estrictamente puesto que el inicio lo haremos en Puigcerdà que, formalmente, pertenece a la cuenca del rio Llobregat. Nuestro encuentro con el rio Ter, lo haremos en las cercanías de Ripoll, en nuestra tercera etapa. Desde ahí, ya seguiremos el curso del Ter hasta su desembocadura en L’Estartit. Nuestra cota máxima serán los 1980 m del Coll de la Creueta y desde ahí, bajaremos hasta cota cero. Dos mil metros de desnivel permiten disfrutar de paisajes y flora, pero también de patrimonio histórico y cultural bien diferentes. La ruta promete.

El relato está escrito en primera persona, a veces del singular y a veces del plural. Se trata de reflejar vivencias grupales, que son a la postre las más relevantes. Pero como el que escribe es uno, a veces transcribe las sensaciones que uno siente, sin pretender en ello personalismo alguno.


Inicio del viaje
Como es habitual, antes del comienzo de una ruta, de cualquiera, hay que planificar y organizar. En esto tenemos dos maestros que son Vicent el Llongo y Jesús. Uno recurriendo a Google y a su experiencia viajera, que es mucha, para establecer los tracks. El otro para hacer las oportunas reservas en los hoteles donde tenemos que pernoctar, cosa nada fácil cuando se trata de un número relativamente grande de personas. Luego están las incertidumbres. Cuando nos planteamos esta ruta, éramos 15 los dispuestos a comenzar, pero luego, por unas razones o por otras quedamos solo 10. Por ejemplo Enrique, con unas ganas enormes de venir, tuvo la desgracia de romperse la clavícula unos días antes de comenzar. Movilizar pues a las personas, las maletas y las bicicletas tampoco es cosa fácil, pero gracias a la excelente disposición de Tono y de Salva tuvimos a nuestra disposición una furgoneta de 8 plazas y un furgón donde cabían las diez bicicletas mas una de repuesto, por si teníamos alguna avería grave. Desde aquí gracias a los cuatro, vuestra amabilidad y todo el trabajo organizativo que habéis hecho.

Así pues el domingo día 16 de agosto, quedamos en el lugar habitual de la peña, entre la casa de Jesús y la de Pepe (a ver cuándo te animas a venir!!!). En una cena previa, a la que no asistí, se decidió salir a las 7:30 de la mañana pero, por diversas circunstancias, yo no me enteré. Pensaba que, tal y como figuraba en la guía preparada por Jesús, salíamos a las 8. De modo que a las 7:50 Jesús llegó a la ventana de mi casa para ver qué pasaba conmigo. Yo estaba terminando de desayunar, ignorante de que ya llegaba tarde. En un minuto recogí las dos bolsas, la mochila y la bicicleta y (previo beso y despedida a mi chica) nos fuimos al lugar de la salida. Obviamente iba dispuesto a recibir los comentarios jocosos por parte de todos… como así fue. Ja arrives tard!!! Les intenté explicar que había pasado las dos últimas semanas con el móvil fuera de servicio y que, como en la documentación preparada para la ruta indicaba las ocho… En fin, escusas de mal pagador que pocos creyeron. Menos mal que habían dejado un hueco en la furgo para la bicicleta.

Ya he citado a cuatro de los 10 “esforzados de la ruta”: Vicent, Jesús, Salva y Tono. ¿Qué personas más iniciamos la ruta? Bernat, Orchi, Jorge, Joano, Tatín y yo mismo, Juanjo. Todos, salvo Tatín, son habituales de la peña. Tatín es un ilicitano, primo de Joano, que, ya adelanto, se integró perfectamente en la dinámica del grupo a lo largo de los días que duró la ruta. Un tipo excelente que espero nos acompañe en futuras rutas.

Salimos de Rafel a eso de las 8:30 rumbo a Puigcerdà. En la furgo, con las bicicletas, Salva, Joano y Tatín; el resto en la furgoneta de nueve plazas de Tono. Cerca de las 10, Salva se detiene para almorzar. Nos sentamos en la terraza de un bar de carretera y disfrutamos del primer almuerzo de la ruta. Solo hicimos dos paradas mas, una en falso, y otra en el patio de un colegio donde tampoco era cuestión de liberar carga de modo que asaltamos un bar cercano. Mientras aguardábamos el turno, el personal se pedía la correspondiente cerveza; cuando ya nos íbamos… nos sacaron unos platos de gambas.

El viaje hasta Puigcerdà fue tranquilo y más o menos rápido teniendo en cuenta que la furgo de Salva no puede superar los 90 km/hora. Llegamos a Puigcerdà a las 15:30 con intención de comer alli. Buscando rápidamente alguna opción para comer encontramos el hotel del Prado. Sin embargo el restaurante estaba lleno, así que, tras una muy oportuna consulta a un policía nacional que andaba por allí, entramos en la cafetería Entre Dos. La cocina estaba a punto de cerrar, pero aún así, pudimos comer del menú. Yo me comí unas manitas de cerdo que estaban estupendas.

Después de comer, nos dirigimos al pueblo de Ages, a dos kilómetros de Puigcerdà. Allí se encuentra Cal Marrufés, un alojamiento rural excelente que ocupa una casa tradicional de la zona. Dejamos las bicicletas en un par de cuartos en la planta baja y nos dirigimos a nuestras habitaciones. Los vehículos los aparcamos en un recinto cerrado y reservado. Tras la ducha yo me quedo durmiendo ya hasta el día siguiente. Tras 15 días en el campamento, durmiendo en una colchoneta, mi cuerpo necesitaba descansar muchas horas en una cama. Así que poco puedo comentar de la visita a Puigcerdà y de la posterior cena que, estoy seguro, sería copiosa. Solo sé que entre los postres alguno pidió una crepe con licores y helado que casi le provoca una indigestión.


Lunes dia 17; primer dia de ruta.
Quedamos para desayunar a las 8. Como a las 7 yo ya había descansado suficiente y, para no molestar a mi habitual compañero de habitación Vicent Orchilles, me fui a dar una vuelta para disfrutar del entorno. Desde el final del pueblo contemplé un amanecer espectacular, con el naciente sol iluminando directamente la ciudad de Puigcerdá. La vista del ancho valle es espectacular como también lo son las nubes que, desde el Este, amenazan lluvia. Ja vorem si ens plou!!

De vuelta al hotel, me encuentro con Salva que ya está con el cigarrillo matutino también paseando. Juntos llegamos justo para el desayuno. Cal Marrufes nos plantea un desayuno sencillo pero suficiente para lo que necesitamos. En la mesa del buffet hay unos fuets y unas butifarras blancas de excelente calidad. No faltan tampoco los tomates para preparar el pa amb tomaca tan característico de estos lares.

Arrancar el primer dia siempre cuesta; hay que poner a punto las bicicletas y acordarse de coger lo que cada uno necesita. Salimos en bici sobre las 9:15 rumbo a Puigcerdá pero antes de iniciar la ruta pasamos por un taller. El Llongo necesitaba un ajuste en los piñones y yo aprovecho para comprar un par de guantes cortos. Había cogido, por error, los de Ignasi que son talla M. Total que a la ruta nos lanzamos cerca de las 10 de la mañana. El track nos lleva por el interior de Puigcerdà, subiendo y bajando sin sentido, hasta salir al monte por unas suaves colinas. Aproximadamente en el km 6 cruzamos por primera vez la frontera con Francia. Lo haremos varias veces; a menudo sin darnos cuenta.

Poco a poco el camino se convierte en una senda pedregosa con pendiente creciente lo que la convierte en difícil de atacar. A la media hora, cuando Jorge y yo nos habíamos adelantado medio kilómetro del grupo, tenemos la primera avería. Joano tiene un problema con el desviador y Tono también tiene problemas con la cadena. Jorge y yo observamos desde lo alto como el grupo está detenido tratando de resolver las averías. Cuando reemprenden la marcha, yo solo cuento 7 ciclistas. Joano se habia vuelto a Puigcerdà por el problema mecánico. Un 4x4 baja por el mismo camino que nosotros dando unos tremendos saltos por encima de las rocas que tapizan la pista. En su loco descenso se encuentra con las primeras unidades del grupo justo en una curva realmente complicada para subir. Tatín da muestras de su poderío físico adelantando a Tono en un tramo de esta pista especialmente difícil. Jorge y yo observamos la escena sorprendidos por las cualidades que muestra Tatín. La pista nos lleva (a los 7 km) a una carretera, la Feixa. Es aquí donde nos reagrupamos y decidimos seguir por ella (y por tanto abandonar momentáneamente el track) hasta llegar al final del puerto de montaña (situado a 1908 m). Tenemos la sospecha de que el track que estamos siguendo corresponde a una ruta a pie y no en bicicleta. Además, personas con las que hablamos nos dicen que el camino de tierra es muy, muy duro. Una vez en la carretera Bernat, Tono, y Jorge ponen esa marcheta dura que les gusta y que muchos no alcanzamos a seguir. Así que cada uno va ajustando su ritmo. Adelantamos a unos ciclistas con alforjas que resultarán ser de Tavernes de Valldigna y que están recorriendo la ruta transpirenaica.

En el km 13, cansado de la monotonía de la carretera, decido volver a coger el track por el camino de tierra. Tatin me advierte de que hay una señal que restringe el uso del camino a operaciones agrícolas pero hago caso omiso. Me apetece tocar tierra… Es igual de duro pero se me hace más divertido. El camino se adentra por el bosque de pinos con el suelo muy húmedo a causa de las recientes lluvias y veo numerosas setas de diversos tipos. Adelanto a una pareja de caminantes. Tras menos de un kilómetro, vuelvo a encontrarme la carretera donde coincido con Tatin pero yo sigo por esta deliciosa pista. Me gusta…. y además ya estamos cerca de la cota máxima. Atravieso una zona de bosque que están limpiando. Una potente desbrozadora rompe el silencio del camino.

Al salir del bosque me encuentro que ya he llegado al final de la subida. Veo a Tono, Berni y Jorge (los que subían por delante en la carretera) y también a Tatín. El lugar es hermoso y nos fijamos en unas pequeñas esculturas hechas con los tocones de los pinos. Aquí arriba el tiempo ha cambiado: hace frio y el viento arrecia. Nos abrigamos y entramos en un barecito. A los pocos minutos llegan Salva, Joano, Llongo, Orchi y Jesús. Reponemos fuerzas con unas papas y unas cervezas. Fuera hay grupitos de excursionistas y también de ciclistas que llegan y se van. Uno de estos es el grupo de cuatro ciclistas de Tavernes. Antes de continuar, llenamos bidones con agua de la Font de l’Ase en la estación de esquí Guils-Fontanera.

Iniciamos un descenso vertiginoso por una pista que nos llevará hasta el municipio de Ger. Pero antes sucederán cosas. La pista es buena y sin demasiadas curvas aunque con badenes pronunciados que a más de uno lo lanzan por los aires. Nos lanzamos a toda velocidad. Normalmente es Bernardo el que disfruta más de estas bajadas pero algunos (Jorge, Tono y Tatín fundamentalmente) tratan de seguir su estela. Hacemos varias paradas para reagrupar y aprovechar para ver un poco el paisaje. La vista es magnífica; la ausencia de vegetación en este tramo nos permite ver el fondo del valle. En el último sector de la bajada, la inercia del descenso hace que Bernat, Tatín y yo nos adelantemos hasta el pequeño pueblo de Pic (km 22). A partir de aquí, la pista se convierte en una senda trialera para expertos, así que paramos para volver a reagrupar. Pero el grupo no llega. Tras unos minutos, llamamos por teléfono y Jesús nos dice que han tenido una avería grave. Remontamos medio kilómetro y nos encontramos una imagen preocupante. Allí están tratando de sacar el eje de la rueda trasera de la bicicleta de Tono… con una piedra!!! La rueda está completamente bloqueada entre el freno y el cuadro. Procedemos a desmontar el freno de disco para liberar la rueda y facilitar las operaciones. Tras aflojar el freno y liberar la rueda comprobamos, sorprendentemente, que está bien y que ni siguiera el disco de freno ha sufrido daños. Lo que ha ocurrido es que el eje se había aflojado, saliéndose justo en una curva muy cerrada que obligaba prácticamente a detenerse. Al salir de la curva, la rueda trasera se bloqueó provocando que Tono se desequilibrara un poco y cayera en los matorrales a la izquierda del camino. Menos mal que ocurrió en ese punto. Si hubiera ocurrido en cualquiera de los 8 km de descenso previos probablemente las consecuencias hubieran sido algo peores. Pero ya se sabe que hay un ángel de la guarda que casi siempre está atento a los ciclistas y nos salva de muchos percances.

Caen algunas gotas de lluvia. Poco a poco logramos volver a montar el eje, los piñones y la rueda de manera que Tono puede volver a rodar con casi total normalidad. Nos parece a todos un poco increíble que a hayamos podido resolver una avería que parecía realmente grave. Y aunque nadie se lo creería, Tono es de los que no dudan en lanzarse por la abrupta trialera que tenemos justo después de Pic. Los más prudentes (Jesús, Orchi, Llongo y yo mismo) vamos bajando con la bicicleta de la mano con infinito cuidado en no resbalar. Cuando por fin nos decidimos a montar de nuevo, nos encontramos con un camino embarrado que también dificulta la marcha. Al final, ya a las puertas de Ger, nos encontramos con que un rio atraviesa el camino. Ya estaba dispuesto mojarme los pies cuando Orchi, que venía detrás, me indica que podemos cruzar por un puente. Lógicamente preferimos esta opción. En el puente nos hacemos una foto. Pero el puente enfrenta con un pequeño desnivel lleno de ortigas. Llongo cae justo encima de ellas y sufre las evidentes consecuencias. Tiene que buscar una fuente con rapidez para aplacar el notable picor que produce esta planta.

En Ger nos encontramos a Jorge, Bernat, Tono y Tatin que ya están, cómo no!, tomando unas claras a las puertas de un bar. Una clara por estos lugares se hace con un 40% de cerveza y un 60% de limonada. Es muy refrescante y de un sorbo puedes beberte una buena cantidad. Allí nos enteramos de que Joano ha resuelto sus problemas técnicos y que ha subido al puerto (tenemos evidencias graficas gracias al whatsapp). Bien por Joano que ha logrado la proeza completamente solo.

Desde Ger ya queda poco para llegar a Puigcerdà. Ahora circulamos en grupo; pasamos por el término municipal de Bolvir, donde por cierto hay algunas fincas espectaculares. Llamamos a Joano para decirle que comeremos en Puigcerdá. Entramos en el municipio por la calle de la Estación y paramos a comer en El Plat Rodó. Allí nos encontramos con Joano que viene ya duchadito y de paisano. Nos tomamos unas claras de medio litro en el exterior mientras nos preparan una mesa en el interior. Comemos bastante bien en una mesa corrida al final del restaurant. Nos levantamos de la mesa sobre las 16:30. Tono, Bernardo, Jorge, Jesús y yo vamos al taller para resolver sobre todo el problema de Tono. Desmontan el eje y lo ponen como es debido. Pero también revisan la horquilla de Berni y los frenos de Jorge. Menos mal que teníamos esta ayuda técnica. De vuelta al hotel, volvemos a pasar por el Plat Rodó y Jesús decide quedarse allí para volver con la furgo, evitando los 3 km de subidita suave. Nosotros cuatro volvemos al hotel pedaleando; llegamos justo antes de que empiece a llover intensamente. Al parecer Jesús, Joano y Salva se quedaron en el restaurant un rato y se hicieron una foto con el motorista Carles Checa.

Por la tarde, Jesús propone una visita a Mont-Louis, pueblo francés cercano. Es un pueblo rodeado de fortificaciones en cuyo centro se sitúa el Centro Nacional de Formación de Comandos. Pero son las 9 de la tarde y ya se sabe que en Francia a esas horas todo está ya cerrado. Así que nos volvemos a Puigcerdá con ánimo de cenar. Tras un paseo buscando un restaurante bueno-bonito-barato, donde quepamos todos, decidimos ir a un restaurante que nos habían recomendado. Tenía un aspecto un poco demodé y no recuerdo su nombre. De lo que si me acuerdo es que al salir, tuvimos que esperar a Jorge. Estaba intentando ligar con una camarera pero parece que sin demasiado éxito. ¡Tiempo habrá! El paseo por la ciudad con las calles mojadas por la reciente lluvia es agradable. Bajamos de la parte alta utilizando los ascensores públicos que facilitan superar el desnivel que hay entre el centro de la ciudad y la parte más exterior.

Ha terminado la primera jornada de nuestro viaje. Esperemos que los problemas técnicos ya no vuelvan a ocurrir.


Martes 18, segundo día de ruta
La ruta de hoy nos llevará de Puigcerdà a Castellar de n’Hug. Salva y yo nos presentamos voluntarios para llevar los vehículos pero, como el día amanece lluvioso, vamos tratar de ir al ritmo del grupo por si hiciera falta. Fijamos tres puntos de encuentro: Alp, La Masella y La Molina. También nos encontraremos en el Coll de la Creu, a 1900 m de altitud.

Volvemos a desayunar estupendamente. Bernardo nos pide que aprovechemos nuestro paso en coche por Puigcerdà para comprarle una tarjeta de memoria para su cámara de fotos. Nos despedimos de los ciclistas y vamos a Puigcerdá a cumplir el encargo. Yo llevo la furgoneta de Tono y callejear por el centro urbano no me hace mucha gracia pero es lo que hay. Conseguimos la tarjeta en una tienda regentada por un chino. Cumplido el encargo nos dirigimos hacia el primer punto de encuentro. Cuando circulamos hacia Alp adelantamos al grupo ciclista. Es hermoso ver a tu gente pedaleando a buen ritmo por estos caminos, hoy un poco brumosos. Llegamos a Alp y aparcamos por donde suponemos que entrarán al municipio. Cuando llegan, el día va mejorando claramente y el Sol va imponiéndose a las nubes. El tramo hasta Alp (km 8) es bastante llano, y según me dice Jesús muy bonito ya que discurre al lado de un riachuelo. Pero a partir de aquí hay que subir hasta casi los 2000 m de manera continua hasta llegar a la estación de esquí de SuperMolina y el coll de la Creu. Así que la empresa se presenta ardua.

El grupo reemprende la marcha y nosotros conducimos directos a La Masella. En La Masella luce un sol espléndido así que decidimos coger las bicicletas y hacer el recorrido en sentido contrario con la esperanza de encontrar el grupo. El primer tramo es una trialera con muchas raíces mojadas y muy resbaladizas. Pero después tomamos una pista forestal con el firme perfecto. Pedaleamos por un bosque precioso con numerosos ejemplares de boj, algunos de talla destacable. Este árbol me trae muy buenos recuerdos de varios campamentos scouts que hemos disfrutado por estos lares. El grupo debería haber subido por aquí pero desgraciadamente no nos encontramos con ellos. Cuando finalmente llegamos a la carretera que hace unas horas utilizamos para llegar a La Masella, telefoneamos al grupo. El Llongo nos confirma que efectivamente han pasado por esa la misma pista. Probablemente al elegir la primera trialera, acortamos el track y por eso no nos cruzamos.

Así que damos media vuelta y volvemos a subir en dirección a La Masella. Ahora notamos un poco más la pendiente que juega en contra pero el frescor del bosque nos ayuda a pedalear con alegría. Escuchamos a muchas personas que están buscando setas.  Antes de llegar a los vehículos llamamos al grupo que nos confirma que esta cerca de SuperMolina. Así que conducimos los vehículos hasta el parking de la Pista Llarga de SuperMolina. Alli nos espera Jesús, siempre pendiente, que nos indica el lugar donde debemos aparcar. En un barecillo nos tomamos un café y yo un pequeño bocadillo que me preparé en el desayuno. Todos están muy contentos porque haber podido salvar un desnivel importante y exigente pero al tiempo disfrutando de un maravilloso paisaje.

Pero el día no ha terminado. Siguiente parada, el Coll de la Creueta. El track se desvía una vez más de la carretera y asciende por una pista hasta los 2160 m, pero el grupo prefiere no dejar la seguridad de carretera. Detenemos los vehículos en un parking enorme, pensado para alojar durante la época invernal a las hordas de esquiadores, pero ahora permanece desierto. Divisamos un enorme rebaño de ovejas en la montaña de la izquierda y uno más pequeño de yeguas con sus potros. Comienza a hacer frio y un poco de viento. Tras 20 minutos de espera, llega el grupo.

El descenso del Coll de la Creueta se vuelve inesperadamente duro. Una intensísima niebla provoca un descenso térmico brutal y una humedad como si de lluvia se tratara. No podemos detener los vehículos porque no vemos ningún lugar seguro para ello así que poco a poco bajamos hasta el pueblo de Castellar de n’Hug. Allí preguntamos por el hostal Las Fuentes pero nos dicen que está 3 km más abajo. Subimos a las habitaciones y aprovechamos para duchamos. Al salir de la ducha nos encontramos con el grupo que llega aterido de frio, buscando desesperadamente una ducha caliente. Las caras traducen lo mal que han pasado este descenso. Les digo que se olviden de las bicicletas y que suban a ducharse rápidamente. Salva y yo guardamos las bicicletas en un viejo almacén a 30 metros del hotel. El camino del almacén está vigilado por un imponente ejemplar de perro Terranova de color negro. Menos mal que aparenta tener un carácter tranquilo.

Decidimos comer en el mismo hostal de manera que encargo la mesa a las 15 horas. Mientras esperamos, Salva, Jesús y yo mismo, nos tomamos unas cervezas con olivas (después nos enteramos que nos facturaron 22€ por dos cervezas). Es evidente que estamos en una zona de bolets. Un par de posters nos ilustran la enorme variedad de ellos que se encuentran en estos montes. Nos preparan una mesa en un comedor muy amplio que abren para nosotros. Yo vuelvo a decidirme por una sopa y manetes de cerdo, esta vez a la brasa.

La sobremesa se alarga, se nota que los ciclistas están cansados. Nos levantamos de la mesa sobre las 17:30 y decidimos dar un paseo hasta las fuentes del Llobregat. Es un paseo precioso; el camino se adentra en un bosque húmedo muy frondoso. Poco a poco el cañón se va cerrando y la pista se convierte en un sendero que ascendemos ayudados por escaleras. El ruido del agua se va haciendo cada vez más imponente. De repente vemos unas surgencias de agua que emanan de la roca viva; estamos en el nacimiento del rio Llobregat. El batir constante del agua provoca una humedad ambiente muy elevada. En un momento dado, Bernat repara en un pequeño boj que crece en un palmo de tierra sobre una roca. Duda de si podrá cogerlo pero le ayudo a arrancarlo. Si sobrevive será un digno ejemplar de la magnífica colección de bonsais que mantiene en su casa. Empieza a llover, primero suavemente pero después lo hace de manera torrencial. Nos resguardamos bajo una roca enorme pero como parece que va para largo la gente decide volver al hotel. A medio camino hay un bar que nos cobija y donde aprovechamos para merendar. Hay unas delicias de almendras y miel que están buenísimas. La lluvia no cesa y el bueno de Salva se va al Hotel a por la furgo para recogernos. Cuando llega, la lluvia es impresionante. Nos metemos todos en la parte trasera de la furgo y en 3 minutos estamos de vuelta en el hotel. La imagen del grupo de pie en la furgo, dando saltos, era bastante cómica, pero todos agradecemos este medio de transporte tan poco legal.

Cuando cesa la lluvia, ya muy caida la tarde, cogemos los dos vehículos y subimos a Castellar; como dijo Jordi Pujol, el breçol de Catalunya. En los apenas 3 km que nos separan del pueblo vemos numerosas cascadas que atraviesan la carretera. Son la consecuencia de la intensa lluvia de hace unas horas. Es un pueblo bonito, con casas de piedra y pizarra negra, como corresponde a esta zona del pre-Pirineo. Hay varias tiendas con un buen surtido de embutidos y quesos pero lo más sorprendente es el tamaño de los panes y de los croissants que venden. Los croissants tienen un diámetro de unos 40 cm. En muchas casas hay banderas esteladas, signo del sentimiento independentista que prima en las gentes que habitan estos pueblos de la montaña gerundense. En uno de los pocos bares que vemos hay un montón de símbolos independentistas. No nos atrevemos a entrar… El paseo nos lleva a una de las zonas más altas del pueblo. Allí hay una plazuela con un mirador espectacular. Allí nos quedamos contemplando las vistas cuando ya va anocheciendo. De repente Tono se da cuenta de que justo en la montaña de enfrente hay dos magníficos ejemplares de ciervo macho. Se mueven despacio como si fueran, que lo son, los reyes del monte. De vuelta a los coches, ya son pasadas las 9 de la noche, entramos, tímidamente en uno de los negocios que ya había cerrado las puertas. Una chica nos atiende de maravilla y somos varios los que compramos embutidos, quesos y miel. No hay muchas ganas de cenar así que se decide pedir unos bocatas. Yo prefiero no cenar y subo a la habitación. Mañana será otro día.


Miércoles 19, tercera etapa. Castellar de n’Hug- Manlleu
Amanece un espectacular día, fresco pero con un cielo de un intenso color azul. El hotel está situado en una hondonada, al final del cañón que define el naciente Llobregat, así que el Sol tardará bastante en iluminarnos. Salgo al enorme balcón de la habitación para estirar los músculos y ya observo movimiento de los más madrugadores. Esta vez el desayuno es realmente parco; no queremos pagar los 12 euros que cuesta así que optamos por tomar un café con magdalena o croissant. Salva y yo vamos a la furgo con la intención de sacar nuestras bicicletas, que ayer no trabajaron. Salva se apercibe que la furgo no arranca. Tiene un problema de batería. Necesitamos el apoyo de la furgoneta de Tono para hacerlo. Mientras tanto, el resto del grupo va desayunando y poco a poco sacando las bicicletas bajo la atenta mirada del Terranova, que sigue tranquilo pero atento.

Hoy conducen Joano y Orchilles. Joano hace unas compras de última hora en la tienda (unas serpientes de madera y algún detallito más…). La temperatura oscilará alrededor de 8-9 grados lo que, unido a la humedad reinante, provoca que nos enfriemos poco a poco. Además estamos impacientes por empezar. Esta impaciencia me recuerda a la de los perros que tiran de los trineos, siempre ansiosos por empezar a trabajar. Sobre las 9:30 comenzamos la ruta de hoy. Hay que remontar los 3 km hasta Castellar por la carretera. Empezamos a pedalear muy poco a poco. Superado Castellar, cogemos un desvío a la derecha. Está fuera del track pero Jesús ya se ha informado entre la gente del lugar de la manera de evitar la dureza del tramo inicial. Al poco de entrar en esta pista, en un lugar donde la pista se divide, aparece un cartel y tenemos dudas sobre qué dirección tomar. Al final optamos por tomar el camino hacia el monasterio de Montgrony. Bajamos por una pista muy hermosa que, de vez en cuando, nos deja ver enormes bosques a nuestros pies. Son bosques principalmente de coníferas. También empezamos a percibir aromas de romero y espliego. En un cierto punto, la carretera, ahora asfaltada, pasa por debajo de un arco de piedra. Paramos para hacer fotos. Vemos a algunos ciclistas van en dirección contraria. A los pocos km nos encontramos el desvío que sube hasta la ermita de Montgrony (3,5 km). Pensamos que no debe estar muy lejos así que decidimos visitarla. Como estamos completamente fuera del track nos da un poco lo mismo. Pero al poco de comenzar la ascensión nos damos cuenta de que no va a ser nada pero que nada fácil. Subimos prácticamente en vertical y cada uno, obviamente, pedalea a su ritmo. Tono y Jorge, como casi siempre, toman la delantera. Las pendientes superan, a menudo, el 12%!!

Con mucho esfuerzo y tras casi una hora de ascenso, logramos llegar al santuario. Parece que hayamos subido al cielo…. Al llegar allí nos sorprende ver la cantidad de gente que hay sentada a las puertas de un recinto de piedra. La verdad es que personalmente no estaba seguro de que todos nos hubieran seguido, pero poco a poco, el resto del grupo va llegando, cansados pero de nuevo contentos de haber superado este desafío brutal. Cuando estamos todos decidimos que será mejor almorzar allí mismo. Subimos al bar que está en la segunda planta de lo que parece una hospedería bastante antigua.

El almuerzo comienza tímidamente. El vino nos lo sacaron en una catalana con un chorro de medio centímetro de diámetro. Buenísimo. Pedimos bocadillos de tortilla pero nos sacan dos llescas de pan con tomate. No acabamos de acostumbrarnos a esta manera de presentar los bocadillos. En cualquier caso parece poca cosa para nuestros cuerpos serranos. Así que pedimos 3 o 4 bocadillos extras. Nos los sacan pero seguimos, algunos, con hambre. Veo que en una mesa están tomando una tabla de madera con embutidos variados. Me decido a pedir algo similar, el cocinero nos protesta porque vamos pidiéndole poco a poco la comanda… Pero nos saca una tabla impresionante con una bandeja enorme de pan…. Ahora si que empieza esto a gustarme…. Comimos de todos los embutidos y casi nos los terminamos. Ja vorem el compte!!. Pero al final sólo fueron 7 euros por persona que teniendo en cuenta lo que comimos y bebimos nos pareció muy barato. Orchilles y Joano ya están en Ripoll, esperándonos para almorzar…

Antes de volver a la ruta decidimos subir a la ermita. Vamos subiendo por unas escaleras de piedra adosadas a la pared de piedra calcárea. Las escaleras nos llevan a un pequeño santuario que parece estar colgado de la roca. Allí hay una imagen de la Virgen de Montgrony. Continuamos la subida hasta llegar arriba del todo. Ante nuestros ojos apareció, súbitamente, una magnifica iglesia románica: San Pere de Montgrony. Gracias a la habilidad de Jorge, que ha conseguido la llave de la iglesia, podemos acceder a su interior. Con nosotros entran una pareja de catalanes de avanzada edad. Nos quedamos como hipnotizados dentro de este santuario. La mujer catalana hizo sonar la campana con una cuerda desde el interior. El sonido era magnifico, dulce y aterciopelado; es de esas sensaciones capaces de trasladarte a un tiempo muy lejano. Me hubiera quedado allí en trance pero había que proseguir la ruta.

Al abandonar el santuario vimos que el track bajaba por una trialera aparentemente difícil. Nos asustamos y volvimos a tomar la pista asfaltada por la que habíamos subido. En unos 5 minutos estábamos de nuevo en la carretera principal. Esta nos conducirá, primero a Campdevànol y después a Ripoll. En Campdevànol paramos en una fuente donde un ciclista nos recomienda que visitemos “les gorges”, muy cerca de la carretera. Yo voy delante del grupo atento a cualquier señal o desvío que nos las indique pero no veo nada. Seguimos dirección a Ripoll sin dejar la carretera principal, con buen asfalto, sin mucho tráfico y cuesta abajo. Así que cada vez nos aceleramos más y en poco tiempo llegamos a Ripoll donde están Orchi y Joano un poco desesperados. Los encontramos en un pequeño jardín al lado de la carretera haciéndonos señales ostensibles para que los veamos. Nos tumbamos en el césped unos minutos. Son las dos de la tarde pero nadie de los que hemos almorzado en Montgrony tiene hambre para comer, obviamente.

En Ripoll nos encontramos con el Ter; de hecho lo cruzamos, por primera vez, por un sencillo puente de acero donde nos hacemos una foto grupal. Una vez cruzamos la ciudad y parte de su polígono industrial, el track se enfila hacia las montañas, abandonando el curso del rio. Empezamos lo que probablemente constituye el tramo de la ruta más difícil, con continuas subidas y bajadas. Este es el terreno que encontramos del km 40 al 54. Subimos un monte, lo bajamos y vadeamos un riachuelo; así todo el tiempo. Después de cada vadeo sigue una subida dura, remontando lo que acabábamos de descender. Nos detenemos unos minutos en uno de estos riachuelos, bajo una cerrada sombra, pero sin atrevernos a mojarnos; el agua baja bastante turbia. El terreno facilita que el grupo se vaya disgregando poco a poco. En muchos tramos circulamos por encima de unas enormes losas calcáreas donde no hay evidencias del camino. El GPS nos ayuda a orientarnos. En un punto dado Berni, Tono y yo mismo nos hemos adelantado, casi sin querer. Hacemos una parada para reagruparnos pero los demás tardan mucho en llegar. Ninguno de los tres quiere volver atrás. Sólo Tono decide, en el último momento, ir andando camino atrás. Es entonces cuando el grupo llega. Nos cuentan que tuvieron una duda en la cima del último de los colls que pasamos. El sube-y-baja continúa. Hay algunos tramos de tanta pendiente que es imposible subir con la bici, de modo que estuvimos arrastrándola durante muchos minutos (yo calculo que en total una hora en toda la etapa).

A media tarde volvemos a encontrarnos con el ya caudaloso Ter. En un punto muy cercano al rio, nos encontramos de repente con un badén de considerable altura. Tono lo afronta sin demasiado impulso y se desequilibra. Al caer queda enganchado del pedal y la bicicleta cae sobre él. Cuando todavía está rodando, Tatín lo levanta con una energía desbocada. Parece que no ha pasado nada, menos mal.

Vamos ahora por un sendero estrecho hecho con losas de caliza dispuestas en un plano inclinado, marcando un sendero estrecho al lado del rio. Es una zona un poco peligrosa que me obliga de nuevo a bajar de la bicicleta. Pensábamos que el track seguiría el curso del rio pero, oh! Sorpresa. La pista vuelve a marcarnos hacia el monte. El cansancio va haciendo mella en muchos de nosotros sobre todo porque no tenemos claro cuando volveremos al cauce del rio.

En un momento dado, el track vuelve a llevarnos hasta el Parque del Castillo de Montesquieu. Se trata de un paraje boscoso y yo vuelvo a adelantarme sin querer. Antes de terminar la bajada me detengo en una curva de 180 grados, al lado de una pequeña caseta de piedra. Estoy sin agua pero descubro que detrás de la caseta, hay una pequeña fuente. No salen más que gotas de agua pero con el calor se agradecen. Estoy unos 15 minutos esperando pero el grupo no viene. Como tengo sed decido bajar al pueblo para buscar agua en abundancia. Sigo bajando preguntándome qué habrá pasado con el resto del grupo.

Paso al lado de un polideportivo y allí espero, a la sombra de unos chopos, a que el grupo me alcance. Por segunda vez en la jornada volvemos a encontrarnos con el Ter y parece que lo duro ha terminado. Llevamos ya más de 65 km pero no aparece todavía ningún cartel de Manlleu. Esto se está haciendo eterno. Aprovecho la espera para tomar unas notas para este diario. En pocos minutos aparece el grupo que pasa de largo. Rápidamente recojo la mochila y a seguirlos!!!

Pasamos por una especie de molino y ¡horror! la pista vuelve a enfilar hacia las montañas, presagiando una vuelta a los sube y baja. Recorremos otro par de kilómetros subiendo de manera constante. Berni, que nunca se queja de nada, también se desespera. El grupo se detiene y se plantea ir a buscar la carretera para ir más cómodos. Les digo que en 300 metros, el track gira a la derecha para ya encontrar la carretera. Efectivamente, a las puertas del pequeño pueblo de San Quirze la pista presenta un giro de 90 grados para desembocar en una carretera asfaltada. En cuanto pisamos el asfalto me quedo sin batería en el Garmin. La corta bajadita desemboca en una rotonda, cercana a la autovía, donde nos paramos para ubicarnos y pensar en lo que nos queda de etapa. En ese momento aparece un ciclista al que Tono hace parar para preguntarle ¿cuánto queda a Manlleu? Nos contesta que todavía nos quedan unos 20 km. Uff!!! esto va a hacerse muy largo, pero al menos ya sabemos que esto tiene un final.

Decidimos bajar controlando la velocidad para poder llevar cómodamente a los que están ya justos de piernas. El primer pueblo que nos encontramos es Torrelló. A la entrada pregunto a una pareja por la dirección a Manlleu. Me indican que tenemos que seguir la carretera, atravesar el centro para llegar, al final del pueblo a un Mercadona. Pero atravesar el pueblo también se hace duro; supone casi 2 km de suave y continua subida, que vuelve a provocar que el grupo se estire mucho. A la salida de Torrelló paramos para reagruparnos; aprovechamos para lavar las bicicletas. Después de tanto cruzar ríos y charcos embarrados están muy sucias. Le pregunto a Salva cómo está pero me dice que se encuentra muy bien. Bravo por Salva que está resistiendo magníficamente una etapa dura y larga.

Después de lavar las bicicletas vuelvo a ponerme en cabeza intentando tirar del grupo. Tenemos ganas de llegar. Poco a poco me despego del grupo pero ya no dejo de pedalear, decido esperarles a la entrada de Manlleu. Conforme nos acercamos al municipio se evidencia la presencia de numerosas granjas de cerdos. Me detengo en una rotonda con la figura de una mujer en el centro (por cierto bastante fea). Cuando llega el grupo llamamos a Joano y Orchi. Nos dicen que sigamos la avenida hasta encontrar el hotel Torres. Han sido 88 km de una dura ruta y llegamos a las 18:45. Dejamos las bicis en un almacén bastante caótico del hotel.

La plaza de Ripoll queda a escasos 200 m del hotel. Hacia allí vamos en busca de un lugar para cenar pero casi todos los bares están cerrados. Al parecer las fiestas del municipio terminaros ayer y hoy la gente está descansando. Sólo hay una cervecería abierta pero con todo reservado (hoy hay partidos de futbol). Finalmente cenamos en una pizzería. Algunos piden pizza y otros, pasta. Yo me decanto por unos tagliatele al pesto que están realmente buenos. Me repondrán todo el glucógeno que he gastado hoy y que necesitaré, sin duda mañana. Nos invitan a unos mojitos pero, extrañamente, la mayoría prefiere irse a dormir…



Jueves 20 de agosto, 4 día de ruta
Me levanto dolorido. Ayer fue una etapa dura pero hoy es todavía más larga sobre el papel. Llegaremos a Girona. Conducen Tono y Bernardo. Desayunamos en el hotel. Es un desayuno correcto y yo me preparo un pequeño bocata como cada día. Salimos del hotel hacia la izquierda para buscar el cauce del rio. Allí, en un parque fluvial, cargamos agua. Hoy vamos a seguir el rio Ter durante todo el día, pasando por dos pantanos importantes: el de Sau y el de Susqueda.

Circulamos por carretera perfectamente asfaltada, ancha y con muy poco tráfico hasta llegar a las inmediaciones del pantano de Sau. Enfrente, en lo alto de una ladera, vemos el Parador de Vic-Sau. Nos detenemos antes de tomar una pista de tierra a la derecha. Tatín comenta que se ha quedado sin freno trasero. El primer tramo al lado del pantano es espectacular. Al otro lado divisamos unos acantilados de un color rojo precioso. El camino sube y baja suavemente pero la vista del pantano siempre se agradece. Las aguas pasan de un azul turquesa al principio a un verde profundo. En track va primero por pista pero después desemboca en la carretera que bordea el pantano. Cuesta abajo pedalear se hace muy fácil,

Ya muy cerca de la presa de Sau, decido probar el track a pie y me salgo de la carretera con la idea de que después volveré a la misma. Craso error porque poco a poco el camino va remontando la montaña, alejándose de la ruta que lleva el grupo. Así que dejo el track e intento volver a la carretera. La encuentro a un kilómetro del muro de la presa. Ahora el asunto es saber si el grupo ya ha pasado o no. Lo más probable, por el tiempo que he perdido, es que sí de manera que me dirijo a la presa. Cuando llego, no hay nadie. Pregunto a un ciclista que venía en dirección contraria pero no ha visto a ningún grupo; así que decido remontar por la carretera en dirección contraria. Hay un bar cerca y puede que se hayan quedado allí a almorzar.

Remontar se hace duro por el desnivel de la carretera. Además tengo un buen susto con un coche que circulaba en dirección contraria. De repente invadió el carril de la derecha por el que subía yo. Me pego al guardarrail tanto como puedo pero pienso que va a embestirme seguro. En el último momento, oí como la mujer del conductor gritaba desesperada temiendo el inminente atropello. El coche no se desvió de la trayectoria y me pasó rozando el manillar. De repente, el corazón se ve desbocó pero me quedé paralizado, pensando que acababa de evitar un accidente grave. No sería el último de la jornada.

Cuando llego al bar no veo las bicicletas así que decido volver a la presa y seguir mi camino, ahora solo, hasta que los encuentre. Deben haber parado en algún lugar más adelante para almorzar. Ya los encontraré. Después me enteré de que estaban a 500 m de la presa en una bar que estaba en una carretera diferente a la que debíamos coger para ir a Girona.

Así que ahora me encuentro sólo, sin teléfono y sin saber a ciencia cierta dónde está el grupo. Sigo hasta el pantano de Susqueda. Bordear su perímetro se hace muy largo pero el paisaje es magnífico. El track discurre por la parte de umbría y es muy placentero rodar en absoluto silencio. Sobre las 12:30 decido escribir un mensaje en el suelo de pista para que el grupo sepa que he pasado por allí. A las 13 h paro para comer el pequeño bocadillo y un par de galletas que llevaba en la mochila. Unos señores mayores detienen el 4x4 en el que viajan para preguntarme si estoy bien. Les agradezco el detalle y les pregunto si hay algún pueblo cerca. Me dicen que no en muchos kilómetros. Bueno, pues ya llegaré…

Ya no me queda agua desde hace media hora así que la visión de la Font Sot de les Branques en un recodo de la pista me llena de alegría. Sale un buen chorro de agua extraordinariamente fresca así que bebo hasta que no puedo más. Me quedo extasiado unos minutos en este paraje de cuento con el pantano a la vista.

Cuando por fin llego a la presa me quedo impresionado por las dimensiones del muro de contención de la presa de Susqueda. Como no tengo prisa decido pasear con la bicicleta por su cresta. En la parte central debe medir más de 100 m de altura. La rueda trasera está un poco floja, así que decido hincharla. En esto estaba cuando oigo voces familiares. Miro a la carretera y veo al grupo. Me pongo a chillar hasta que Salva se gira y me ve. Ya nos hemos encontrado, menos mal. Son las 14:30. Les explico lo que me ha pasado, excusándome por mi acción. Intentaré que no vuelva a pasar.

Seguimos por la carretera bajando rápido. En una curva cerrada a izquierdas tengo el segundo susto de la etapa. Un Jeep rojo sube a toda velocidad, abriéndose mucho en la curva justo cuando yo bajo. Frené con fuerza bloqueando la rueda trasera. La bicicleta derrapó dos veces pero finalmente pasamos los dos sin más percances. Otra vez el corazón desbocado… pero no ha pasado nada grave más allá del susto. El resto de la bajada lo hago con mucha precaución.

Sobre las 16 horas llegamos al Bar la Parada. Claras para todos (40% cerveza 60% limón). Como yo tengo hambre, me pido una ración de albóndigas. Las encuentro deliciosas. Todavía quedan 40 km pero a partir de aquí cogemos la vía verde del tren “El Carrilet”. Se trata de la antigua plataforma del tren Olot-Girona. A partir de ahora, el pedaleo se suaviza y los 20 km que quedan hasta Girona se harán muy suaves. Intento mantener una velocidad de 20 km/h. Cuando quedan 5 km a Girona hacemos una parada en el rio, muy cerca de una zona acondicionada como canal de aguas bravas. Jorge y yo metemos los pies en el agua. Es reconfortante.

El track se acaba abruptamente a unos pocos km del centro de Girona pero seguimos las indicaciones del Carrilet. Al llegar al centro, Jesús y Orchilles toman las riendas y nos llevan hasta el hotel Ultonia. Ambos han estado en este establecimiento. Tono y Berni están comiendo en Nu, uno de los mejores restaurantes de la ciudad. Salva y Tatin van a reparar el maltrecho freno trasero de la bicicleta de Tatin. Es un hotel magnífico recientemente remodelado. En el garaje tienen una habitación acondicionada para guardar las bicicletas. Pero además se pueden lavar e incluso reparar al disponer de todas las herramientas necesarias. Joano se entretiene a ajustar los piñones de su bicicleta. Tras la ducha de rigor, quedamos a las 18:15 en recepción.

Damos una vuelta por el centro, buscando un lugar para cenar. Como me conozco el percal, me compro un par de empanadas argentinas por si acaso se demora la cena. Finalmente nos sentamos en un bar de tapas y cenamos a base de idem. Ni Tono y Berni prueban bocado. Después de la cena (frugal) damos una vuelta por el barrio judío. Es una zona espectacular, con callejuelas estrechas entre casas muy altas de piedra. En pocas semanas empezará el rodaje de escenas para la nueva temporada de Juego de Tronos. Hay bastante gente paseando. De repente llegamos a la catedral. Nos presenta una fachada impresionante, prácticamente cuadrada y una torre hexagonal a su izquierda. Claramente es una catedral fortificada que se yergue muy por encima de las casas cercanas. El acceso se hace por una escalinata en tres tramos de las que asusta por su longitud. Sentados enfrente de la escalinata contemplamos como Jorge, Salva y Tono se desafían en un duelo de escaleras. Yo estoy tan cansado que me siento a observar el deambuleo de las personas que llegan por las calles laterales y que, como yo, se quedan boquiabiertos por lo imponente del edificio.

Seguimos el paseo callejeando subiendo y bajando. En una de estas callejas, escalonada y de metro y medio de anchura, había mucha gente esperando que comenzara un concierto de música sefardí al que acudió Jesús, siempre amante de la música (call jueu). Seguimos callejeando; yo me tomo un helado y sobre las 10 decido retirarme a dormir. Los demás se quedan un rato más.


Viernes 21, quinta y última etapa
Afrontamos ya la última de las etapas de esta ruta; hoy llegaremos a la desembocadura del Ter en L’Estartit. Hoy conducen Jesús y Vicent. Se trata de una ruta absolutamente llana.

La furgo de Salva esta aparcada en un parking cercano al hotel. Era demasiado alta para el acceso al del hotel. Para allá nos vamos ya vestidos de corto (casi todos) con el equipaje oficial del grupo. Cargamos agua en una fuente cercana y nos reunimos casi todos en el Parc de la Devesa, al lado del Ter. Se trata de una chopera muy extensa, preludio de lo que veremos los próximos kilómetros. Allí esperamos a que Joano cambie su bicicleta; un problema con los piñones hace que decida cambiar su bicicleta y Jesús le cede su 29.

Salimos pues de Girona siguiendo de cerca el cauce del rio. Circulamos por extensas plantaciones de chopos regadas abundantemente con el agua del rio. La pista casi siempre es buena pero da muchas vueltas. Vadeamos varios riachuelos; en uno de ellos me desequilibro y meto el pie completamente en el agua. Vamos a buen ritmo pero nadie se queja.

Poco a poco dejamos las choperas y aparecen los primeros campos de maíz y sobre todo de manzanas. Manzanas de muchos tipos diferentes. Los árboles están emparrados como si fueran viñas, completamente planos. Me llama la atención el color morado de algunas manzanas y también como riegan a manta desde unos tubos que escupen un enorme caudal de agua.

La mañana va avanzando y empezamos a tener ganas de almorzar. Pasamos cerca de Colomers y decidimos acercarnos a almorzar. Nos vamos directos al centro del pueblo subiendo por estrechas calles empinadas. Preguntamos y nos dicen que es mejor bajar a la carretera. Ya en la carretera localizamos el bar El Chalet, justo en la ribera del Ter. Tiene una terraza magnífica y allí nos quedamos. Pedimos unos bocatas de butifarra esperando la tradicional de las zonas de montaña pero en su lugar nos sacan embutido. Una pequeña decepción pero aun así me parece un bocata excelente.

Repuestas las fuerzas, reemprendemos la marcha que siempre es hacia abajo y por buenas pistas. A 15 km de L’Estartit llamamos a Jesús para advertirle de nuestra situación y confirmarle que llegaremos para comer. Sobre las 14 horas llegamos a la desembocadura. Hemos llegado al final de la ruta y esto siempre emociona un poco.

El lugar es hermoso. No hay mucha gente en la playa. Hay una barrera arenosa que deja solo una abertura al mar de poco más de 6-8 metros. Es increíble que todo el caudal del rio pase por esta estrechez. Tono, Jorge y yo no resistimos la tentación de meternos en el agua. Es refrescante este baño pero tenemos que irnos a comer.

Llegamos, esta vez guiados por el GPS de Joano, al hotel Flamingo y a las 15 horas salimos a comer. El lugar elegido ofrece un menú a base de tapas y poco más. Las tapas las sirven en una plataforma giratoria de dudoso gusto. Pero lo que hay dentro es realmente lamentable. Intentando huir de las tapas Tatin y yo compartimos un arroz caldoso de pescado que a duras penas se puede comer. Es la primera vez que veo un arroz de pescado en la que conviven trozos de salmón con palitos de cangrejo. Para huir!!!

La cena de despedida se hizo en un restaurante cerca del hotel. Ahí ya se empieza a hablar de qué haremos el próximo año. No lo sabemos, pero seguro que volvemos a plantear una ruta parecida.


Sábado 22 de agosto. Epílogo
El peor día de estos viajes es el de la vuelta a casa. Desayunamos a las ocho. Algunos muestran unas caras realmente perjudicadas. Tras el desayuno, volvemos a cargar las bicicletas en la furgo de Salva y enfilamos hacia Valencia. La furgo vuelve a tener problemas para arrancar pero lo solventamos con un empujón. Esta vez iremos todo el camino por autopista. Sorprendentemente nadie propone que paremos a almorzar. Llegamos a Rafel sobre las 4 de la tarde. Despedida rápida y cada uno a su casa.

Así termina una ruta que ha sido menos cultural que las que las han precedido. No he entrado en ninguna iglesia ni en ningún otro edificio. Pero hemos atravesado unas tierras muy diversas y hacerlo en buena compañía siempre es placentero. Nos vemos el próximo verano.

Rafelbunyol, 14 de octubre de 2015


Mosquera 2014

Crónica de una tarde disfrutando de la bicicleta por los fantásticos bosques de la Sierra de Espadán
16 de mayo 2014
La Mosquera
Azuébar-Almedíjar-Azuébar

Eran ya las cuatro y media de la tarde, la hora planteada para la salida. Catorce esforzados ciclistas vestidos con el maillot oficial de la peña aguardábamos, inquietos, la llegada de la furgoneta que nos tenía que llevar hasta Azuébar. Tenemos, por sorpresa, una furgoneta, pero la de Tono no llegaba. Tratándose de Tono, seguro que tendremos que esperar. No es la puntualidad su mayor virtud. A pesar de conocer esto, la gente empieza a ponerse un poco nerviosa. Es normal. Todos tenemos ganas de empezar pronto esta clásica ruta que tanto nos gusta y empezamos a buscar planes alternativos. Se oyen varios: Doncs jo vaig a pel meu cotxe i fem marxa… Pujem les bicicletes a l’altra furgona i mogam!!! Pero como siempre, en el último momento llega Tono. Tranquilo y sin inmutarse. Tenía una buena razón; acababa de salir del trabajo y ha tenido que comerse las lentejas ya conduciendo. En un plis-plas subimos, o mejor, amontonamos las bicicletas. Al final no caben todas, así que tenemos que utilizar la otra furgoneta que trae Miguel. A las 16:50 salimos de Rafelbunyol rumbo a Azuébar. En dos furgonetas y tres coches vamos Jose María, Jesús, Tono, Miguel, Candi, Joano, Enrique, Tico, Soro, Orchillés, Bernardo, Nacho, Santiago, Salva y Juanjo. Para algunos será la primera ocasión en la que disfrutarán de esta emblemática ruta.
Al llegar a Azuébar, aparcamos donde solemos, junto al Hotel Espadán, justo antes del casco urbano. Allí buscamos al dueño para que nos prepare la cena de rigor. Vana esperanza!. Por razones que no llegamos a entender, no pueden atendernos así que tendremos que buscar una alternativa. Ya veremos…
Antes de empezar la ruta, el tío Jose María nos hace un regalo para la ruta de hoy. Nos ha preparado unas mosquiteras artesanas que provocan … opiniones diversas entre el personal. Al final, sólo el mismo Verí se la acopla al casco. Nos augura un “ja voreu quan tingau les rantelletes al nas!!!”.  Y es que el barranco de la Mosquera es famoso por unas minúsculas moscas a las que les encanta amenizar la ruta de los que por allí pasan.
Empezamos la ruta dejando el pueblo a nuestra derecha. Tras un corto tramo por la CV-230, nos desviamos por una pista a la izquierda. Alguien se lleva los primeros gritos:  per qué vas el primer si  no saps la ruta!!!  No será la última vez que oiremos esta frase. Empezamos a subir por una pista en muy buen estado; vamos a buen ritmo. Pronto nos adentramos en las zonas boscosas del barranco de la Falaguera hacia la casa de la Mosquera.  A nuestro alrededor, los alcornoques van apareciendo cada vez con mayor frecuencia. Su espectacularidad nos arrebata. Qué magníficos son estos árboles y cuán sabias las personas que generación tras generación han sabido cuidarlos y engrandecerlos. Esperemos que esta tradición de explotación racional del bosque perdure mucho tiempo en nuestra sierra de Espadán. A pesar de lo encantador del paisaje que nos rodea, no podemos relajarnos. El grupo tira con fuerza. Nadie se queda demasiado  atrás pero  tampoco nadie puede seguir al grupito de cabeza. Bernardo, Miguel, Candi, Quique y Tico van a un ritmo fuerte y seguirlos se convierte en un empeño difícil. 
Ir por este  barranco en bicicleta es divertido pero los continuos toboganes te exigen al máximo. Más de uno pone pié a tierra, incapaz de encontrar el lugar adecuado para superar alguna rampita. ¿Quién?, pues yo mismo para que veáis que no escondo ninguna debilidad. Pero vi a otros que no mencionaré… (de momento). Lo que no aparece, para nuestra sorpresa, son las cansinas moscas. Es un consuelo, sobretodo, porque así no tendremos que oír aquello de “Ja vos ho deia jo!!!”.
Al finalizar el tramo del barranco visualizamos la casa de la Mosquera, o mejor lo que queda de ella. Se trata de una casa grande, de planta cuadrada y tres plantas. La casa se utilizó por aquellos que se dedicaban a la extracción de la corteza del alcornoque (surera). En sus tiempos de esplendor, tuvo que haber sido preciosa. Ahora no queda mucho más que las paredes exteriores. El interior está destrozado.  Un cuadro de cerámica que estaba en la pared de la segunda planta se lo llevaron con una piqueta. Alguien debería preocuparse de recuperar este patrimonio etnológico en ruinas!!! Tono y Soro son los últimos en llegar.  Se han detenido en la pequeña fuente que se encuentra en la parte baja de la casa, junto al barranco. Algunos previsores comen alguna cosilla para reponer fuerzas.
“Va, fem una foto”. Pero esta vez es una foto mas original que la habitual. Nacho (por cierto hecho un figurín, el tio!!!) se encarama a la primera planta y desde la miniplataforma del antiguo balcón nos hace una foto con un perspectiva singular. Medio grupo al sol y otro medio a la sombra pero aún así sale una buena foto.
De nuevo en marcha; volvemos unos metros hacia atrás y tomamos la pista que sale a la derecha. La pista constituye una atalaya perfecta que nos permite gozar de una vista completa del barranco desde la parte superior de la montaña. En pocos minutos llegamos a la carretera que nos lleva al alto de Almedijar. La tarde está ya en sus postrimerías; no hay viento y se respira una paz difícilmente descriptible. Una luz amarilla, muy cálida, acaricia la ladera de la montaña por la que asciende la carretera asfaltada. Ningún coche, ningún ruido mas allá de nuestros jadeos o de nuestras conversaciones.
La idea inicial es alcanzar una pequeña senda que sale a nuestra izquierda, por el kilómetro 13, pero los guerreros piden más,  así que decidimos seguir pedaleando unos minutos más subiendo hasta llegar a la cima. Soro propone hacer la bajada hasta Aín. y por Chóvar, volver a Azuébar.  Pero este grupo es fiel a las rutas previstas y no cambia fácilmente.
Volvemos carretera abajo hasta encontrar la senda. La miramos, … nos miramos. ¿Quién sale primero? Los guerreros!!! La senda es estrecha y densa con grandes matorrales a izquierda y derecha donde se engancha continuamente la bicicleta. El suelo tiene como un palmo de hojas de carrasca. Todo está extremadamente seco. Ningún rastro del característico musgo que habitualmente se encuentra en estas zonas de humbria. El poco que vemos. Nunca habíamos visto esta zona tan deshidratada. Da pena y también miedo por lo que pueda pasar este verano. Un incendio en esta zona podría ser demoledor tal y como se encuentra el monte. Tono, Bernardo y alguno mas se lanzan a pesar de todo por la senda. No sé cuanto trozo hicieron a pie y cuanto andando. Los cuatro últimos: Nacho, Tico, Orchilles y yo mismo lo hicimos completamente a pie (bueno, Nacho, tu subiste algún metro en la cabra). También te hiciste algún shelfis. Durante la bajada encontramos muchos troncos de alcornoque desperdigados aquí y allá. Sólo al llegar al  fondo del barranco se podía percibir el característico aroma provocado por la tierra húmeda. Por cierto la sustancia química responsable de ese olor a tierra mojada se llama geosmina y tiene esta fórmula molecular. Algún día os hablaré de ella.
En el fondo del barranco nos reagrupamos. Las charlas se orientan todas en tordo a la sequedad que nos rodea. Revisamos los arañazos que tenemos como consecuencia de los continuos roces con la vegetación. Una zarza le ha lanzado un brazo de amor a Bernardo y le ha marcado la pierna por debajo de la rodilla. Nada importante, según él.
Iniciamos un recorrido a lo largo del barranco de Almanzor. Al principio la senda discurre a menudo sobre un muro de piedras. Algunos pasos son complicados porque enormes rocas apenas si dejan espacio. Tras cruzar el pequeño hilito de agua que, a pesar de la sequía, sigue fluyendo, la senda se vuelve pista ancha. A la izquierda encontramos la fuente de Almanzor, pero está seca. No hacemos foto y seguimos. La siguiente parada, mínima, la hacemos junto a la cabañita del carbonero, reminiscencia de este antiguo oficio que, en Espadán, permitía obtener los mejores carbones vegetales de carrasca vieja. Tono apunta, y Soro asiente, que hay un calero no muy lejos de allí. Los caleros son ingenios para transformar la piedra caliza (CaCO3) en lo que conocemos como cal viva (CaO). El proceso necesita de un aporte de calor importante. Era la  combustión de la abundante leña de la zona la que permitía esta transformación.
Seguimos por la pista ya sin parar hasta Almedíjar. A las puertas del municipio nos encontramos con una fuentecita donde un lugareño está cargando una garrafa de agua. El grupo para allí para refrescarse y rellenar bidones. Yo sigo adelante, cruzando el pueblo tranquilamente. Primero me encuentro la gran balsa de agua y después llego a otro lugar importante del pueblo: el restaurante El Castillo, famoso por sus excelentes carnes. Pero esta noche no las cataremos.
Sigo adelante confiando en el track. Llego hasta la fuente de la Divina Pastora o del Cañar. Allí espero, pero el grupo no para en la fuente. Pocos metros antes cogen la subida que se enfila ladera arriba. Desde abajo, en al fuente, oigo: “Cambieu!!! Posseu  l'ú i ú!!!”  Cuando se escuchan estas palabras hay que ponerse a temblar. Grito para que identifiquen que todavía no me he perdido y empiezo, con mucho retraso, la  subida.  Esta es una rampa hormigonada dura y larga. No tiene ningún descanso.  Ver al grueso del grupo a 200 metros y subiendo a buen ritmo desanima un poco pero hay que seguir. No los volveré a coger hasta llegar al alto. Allí tengo que oir los reproches, merecidos como siempre, de Santiago. Para que no me ocurra lo de antes, ahora salgo yo de los primeros pero los fieras de las bajadas me pasan a los pocos segundos. Pero llevar track tiene sus ventajas. Los fieras, que bajan desaforados, pierden la ruta que tuerce a la izquierda. Ellos se dejan llevar por la bajada frenética. Yo les grito pero sin éxito. Santiago vuelve a ponerse nervioso. “Pero, on van si no saben el camí!!!”. El grupo principal se queda esperando que los fieras tomen conciencia de su error y vuelvan sobre sus pasos. Llegan tras unos pocos minutos, con los ánimos mas tranquilos. En lo que queda de ruta el grupo ya no volverá a fragmentarse demasiado. En pocos kilómetros, que se hacen muy rápidos por ser de bajada, volvemos a tomar el camino por el que iniciamos la ruta y que nos lleva directamente a Azuébar. Joano está exultante y energético. Ha podido con la ruta y está mas que satisfecho. Salva, uno de los que se estrenaban en la ruta, se fuma un cigarrillo. También debe ser por la sensación de haber superado el reto. Los dos se han comportado como jabatos en una ruta que es corta, apenas 27 km, pero que tiene algunos puntos exigentes. Ha faltado seguramente culminar la ruta subiendo a la roca perforada pero se ha hecho un pelín tarde.
Una vez en los coches nos cambiamos de ropa y tomamos la decisión de volver a Rafel para cenar.  Cena en casa Bendicho; sepionet para casi todos. Bueno Verí se casca media cabeza de cordero. El gran Verí nos suele sorprender con este tipo de salidas. Esta vianda da lugar a una reprimida  conversación sobre las excelencias del ojo de cordero que no reproduciré ahora para no dañar la sensibilidad de nadie; bastante maltrecha quedó en la cena. Esto de compartir mesa después de una ruta es costumbre que no debemos perder. Nos permite repetir las jugadas más interesantes, reírnos de la malla antimosquitos, hablar de política y políticos,  comentar lo seco que está la montaña, criticar a unos y a otros, reírnos…. Pero lo importante es que contribuye a reforzar los cordiales lazos que nos unen de una u otra manera al montar, juntos, en bicicleta. ¡Qué el próximo año volvamos a poder gozar de La Mosquera! Espero que los que no habeis podido venir, tengáis con este pequeño resumen, una ventana que os permita, de algún modo,  disfrutar de las sensaciones que provoca esta bonita ruta.

Juanjo

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